Acordaos, Oh María, Nuestra Señora de la Salud, del poder sin límites que vuestro Divino Hijo os ha concedido sobre su Corazón adorable, y del tesoro inagotable de consuelo que depositó en vuestro maternal corazón, para todas las necesidades y tribulaciones de todos los mortales.
Por ese vuestro poder y por esa vuestra bondad maternal, nunca ha sido rechazado quien ha acudido a Vos.


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